
foto.prensa la tercera.

foto. carolina labbé.

foto. mauricio torres vienne.
Grosso Modo
Nazco a mi pesar en Santiago en una familia que no asumí y que tampoco me acogió como suyo.
Inicié mis estudios en colegios de curas y terminé en una escuela nocturna de barrio bohemio.
Prosiguió mi desarrollo espiritual en diversas escuelas de arte que no comprendieron mi mirada trasnochada.
Sibarita estricto de la buena mesa y el vino, amante violento y cariñoso, la desmesura ha sido mi permanente compañera.
La pintura es el vórtice donde ni nostalgia ni contingencia se manifiestan sino que es el lar cómodo de mi trastienda psíquica.
La factura pictórica de mi trabajo va desde lo manierista al desgarro expresionista porque comulgo con cierto posmodernismo mixturador desde un faro báquico y visceral.
La paleta se compromete con una emotividad inmediata, lista para el psicodiagnóstico de Luscher.
Hoy es tiempo de manchar y volcarse hacia la pintura, resolver problemas tomando como camino el accidente, un trayecto serpenteante entre el control y lo súbito, entre lo racional y lo automático tomando el sedimento de generaciones de humanidad contenidas y larvadas en distintos sustratos del inconsciente profundo. A veces, emergen tras algún estado especial de concentración o juego alucinógeno para ser nuevamente veladas por una capa periférica de psiquismo. La bóveda de referencias es confusa y multisémica, todo se superpone, se mixtura, el zaping televisivo se ha trasladado a todos los ámbitos, el gran collage. Entonces los códigos de vanguardia se vuelven contra su propio manifiesto, lo innovador no existe...ESTÁ MUERTO AL INSTANTE.
De la obra pictórica espero en último término la estimulación de profundas zonas mentales no contaminadas con patrones, prejuicios estéticos o discursos estereotipados. Zonas analógicas que nos conectan holísticamente al universo. La búsqueda permanente del lugar original.
Gonzalo Espinosa Menéndez
Altos de Madrid, 1999.
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